Historia del sitio y toma de la Hacienda de San Miguel 30, 1914.


Inicia el asedio de los revolucionarios. Los federales retroceden.

26 de abril de 1914.

Las fuerzas huertistas que se encontraban en el sur de Morelos estaban al mando del general brigadier Flavio Maldonado y estaban momentáneamente en Puente de Ixtla. Las fuerzas que se componían eran: Cuerpo Irregular de Infantería núm. 48, Cuerpo Irregular de Infantería núm. 29 y voluntarios; sumaron en total como 250 hombres.

Debido a que más de mil zapatistas de los generales Encarnación Díaz, Pedro Saavedra, Jeús Capistrán, Benigno Abundes, Julio A. Gómes y Epifanio Rodríguez, procedentes del estado de Guerrero se acercaban peligrosamente instalándose en Amacuzac el 28 de ese mes, Maldonado tuvo que abandonar la plaza el día 30 y refugiarse en Jojutla.

Sitio y Ocupación de Jojutla.

1 de Mayo de 1914.

Las fuerzas zapatistas anteriores se unieron a las de Amador Salazar y las de Eufemio Zapata, que comandaba el General Emiliano Zapata llegando a ser 3000 hombres en campaña quienes de inmediato atacaron la ciudad, en la que se había refugiado Flavio Maldonado. En Jojutla se hallaban otros 250 soldados federales del 7° Regimiento de Infantería al mando del Teniente Coronel Fernando Hernández quienes junto con los de Maldonado iniciaron la defensa de la Plaza.

Ese día 1 de Mayo se rompió el fuego simultáneamente por Tlaquiltenango y Panchimalco, combatiéndose desde las 6 de la mañana hasta las 4 de la tarde; dando las órdenes directas Emiliano Zapata que se había colocado en el camino a Tlaquiltenango.

Efrén Mancilla al mando de sus fuerzas y los federales sublevados del 7° Regimiento se ubicó en el camino a Zacatepec, en el punto conocido como “El Callejón”, para evitar que los federales retrocedieran. Ante la mayoría abrumadora de los atacantes, Maldonado dispuso evacuar Jojutla para refugiarse en la hacienda de Zacatepec por tener ésta mejores condiciones para la defensa.

Sitio y toma de la hacienda de Zacatepec, Mor.

2 al 7 de mayo de 1914.

El General Emiliano Zapata dispuso cercar y sitiar a los gobernistas que se hallaban en la hacienda de Zacatepec y ordenó que el General Modesto Rangel, con unos 300 hombres, se ocupara de San Miguel Treinta, e impidiera que los federales huyeran para Cuernavaca, y que el General Antonio Barona con otros 300 hombres se situara entre Cuernavaca y San Miguel Treinta para impedir el paso de refuerzos hacia Zacatepec.

El día 3 de mayo, cuando el General Encarnación Díaz se adelantó y atacó a los federales en la hacienda de Zacatepec, sufrió un descalabro por desconocimiento del terreno, pero a partir del día 4 a la fuerza del General Díaz se unió la del Coronel Lorenzo Vásquez, que era oriundo de la región y conocedor del terrenos, y además los atacantes fueron reforzados por las tropas de los generales Pedro Saavedra, Jesús Capistrán, Ignacio Maya, Amador salazar y Julio A. Gómez, las que rodearon completamente la hacienda y estrecharon el cerco que se le había impuesto; en el concepto de que no se emprendieron muchos ataques porque el General Emiliano Zapata estaba seguro de hacerlos rendir por hambre.  El día 7, como los revolucionarios lanzaron un ataque general sobre la hacienda de Zacatepec y a los federales comenzaban a escaseárseles los víveres, pasturas y municiones, el General Maldonado dispuso la evacuación de ese lugar para pasarse a la hacienda de San Miguel 30, operación que se llevó a cabo a costa de muchas bajas.

[…]

Emilio V. Castrejón, federico Figueroa Romero, Narciso Cuellar, Alfonso Sámano Torres, Margarito Domínguez Rivera, Francisco alarcón Sánchez, Julián Gonzáles Guadarrama, Arnulfo Manzanares, y muchos más colaboraron en este sitio. Para obligar a los federales a salir de sus trincheras, el general Pedro Amaro, alias “El maíz ancho”, hizo arder chile y lo intrudujo en  bateas a la hacienda, utilizando los canales de agua; el humo provocó que muchos refugiados se descuidaran y fueran baleados.

[…]

Los federales rompen el Sitio y huyen hacia San Miguel Treinta.

Sitio y toma de la hacienda de San Miguel 30, Mor.

8 al 19 de mayo de 1914.

El grueso federal se hizo fuerte en la hacienda de San Miguel 30 y contaba con un cañón que fue emplazado en la entrada de la finca. Con él los federales hacían fuego dañando mucho a los revolucionarios; pero unos valientes zapatistas se deslizaron por entre las huertas que estaban frente a la casa de la hacienda y lo inutilizaron. Dicen que fue Ceferino Ortega “El Moles”, el que autor de esta hazaña, quien con cuchillo en mano degolló a los desvelados centinelas.

Los federales se enfrentaron al problema de las provisiones para ellos, así como el forraje para los caballos. El segundo lo obtenían un grupo de soldados que salía rápidamente a cortar la pastura pero protegidos por otros que desde lo alto de la finca disparaban las ametralladoras. A pesar de ello los federales tenían muchas bajas, sin contar la merma que sufrían del parque y de municiones.

Los revolucionarios utilizaron otras maniobras para obligar a los federales a consumir sus municiones, con la finalidad de que el asalto final a la finca se hiciera con el menos número de bajas posible. No había prisa por realizar el asalto y con esto obligaban a los sitiados a consumir sus víveres y por consecuencia, la rendición era cuestión de tiempo. Más sucedió que en una simulación de asalto, cayeron prisioneros algunos revolucionarios, los que fueron acribillados en el interior de la finca y sus cadáveres fueron colgados con sogas en el exterior de los muros para que fueran vistos por sus compañeros zapatistas.  Entre los infortunados estaba un hermano del Coronel Nicéforo Taboada, del poblado de Tlaxmalac, Gro. perteneciente a las fuerzas de Francisco Castro.

Flavio Maldonado se caracterizó por su crueldad contra los revolucionarios, y aún contra sus propios subordinados; estos, si caísn heridos, después del combate eran rematados por órdenes directas de él.

Queriendo evitar un innecesario baño de sangre, el General Manuel Palafox envió un emisario con un pliego para el general Maldonado; en el documento se le sugería rendirse y se le ofrecía respetar su vida y la de sus oficiales. Maldonado tomó la hoja y en el reverso escribió: “¡Un General federal jamás se rinde!” Su altivez y orgullo de militar de carrera le costaría la derrota más trágica de su vida.

Mientras esto sucedía, el sargento Isodoro López Benítez, de las fuerzas surianas, aprovechó para robarse a la maestra de la hacienda, la señora Josefina Gadea Romero, y la hizo su mujer.

Al no poderse sostener por más tiempo, la mañana del 19 de mayo, Maldonado ordenó romper el sitio y su tropa tomó camino de Atlacholoaya, pero se encontraron de frente con los contrarios, quienes al percatarse de la maniobra, dejaron que los federales la realizaran así para combatirlos a campo abierto y no se regresaran a la finca, donde será más difícil el combate. Los federales se abrieron paso a sangre y fuego. En esta confusión, las Guachas (Mujeres de los Guachos), quedaron rezagadas de los soldados; entonces ellos dispararon sus balas contra las féminas para que no cayeran vivas en poder de los revolucionarios. La primera descarga hizo blanco en dos de ellas, quienes fueron recogidas y llevadas a Tlatizapán, en donde quedaron encamadas. Una de ellas dijo ser esposa del oficial federal Emilio Orozco, a quien suponía combatiendo en la Tierra Caliente del estado de Guerrero.

El caballo de Maldonado fue herido, y tuvo que seguir a pie. Cansado y desmoralizado por la prolongada lucha desde Puente de Ixtla había sostenido, se sentó a la vera del camino y miró a sus subalternos alejarse rápidamente en franca huida unos, rendirse la mayoría, y combatir a muy pocos ya. Maldonado entonces, acribilló a sus hijas para que no cayeran en manos de los revolucionarios.

Personal del General Ignacio Maya reconoció al caballo y por él al jinete. Dio parte a su jefe, quiend e inmediato preguntó: “¿es usted el general Flavio Maldonado?”, ante la respuesta afirmativa, Maya ordenó: “!dése paso a favor de la revolución!” Maldonado entregó su pistola y una cartera con billetes de banco; en cuanto a lo segundo Maya se rehusó diciendo: “¡la cartera no es un arma!” Devolvió la billetera y ordenó en seguida que se le proporcionara un caballo al prisionero. Hubo zapatistas que habiendo presenciado las atrocidades del derrotado general, quisieron lincharlo, pero Maya los contuvo, sentenciando que sería un Consejo de Guerra quien lo juzgaría. Junto al General Flavio fue detenido su hijo Salvador.

Al llegar a Atlacholoaya, varias mujeres quisieron linchar otra vez a Maldonado, pero Maya nuevamente se impuso; las mujeres se tuvieron que conformar con haberle jaloneado las barbas y bigote al prisionero. Zapata oyó de voz el parte que le rindió Maya.

Flavio Maldonado, azote de los pueblos, acabó sus días el 25 de Mayo de 1914 fusilado en Tlaltizapán, Mor., junto con el coronel Alberto Peralta. Once oficiales suyos fueron absueltos por el mismo Consejo de Guerra y dejados en libertad.

De la fuerza federal, sólo veinticinco pudieron llegar a Cuernavaca para relatar a sus superiores la tragedia.

Los prisioneros hechos, entre clase de tropa y voluntarios, ascendieron a ochocientos; como la mayoría pertenecían a la segunda categoría fueron absueltos y puestos en libertad, con la condición de no volver a levantarse en armas contra la Revolución.

Los heridos, muertos y dispersos pasaron de esa cantidad, a juzgar por las armas que dejaron tiradas en el campo. Las lenguas cuentan que Ceferino Ortega Mendoza y Federico Figueroa Romero, se dieron vuelo degollando prisioneros.

Con el triunfo zapatista en esta zona, sólo quedaba la ciudad de Cuernavaca en poder de los federales. Y hacía allá ordenó Zapata que las fuerzas revolucionarias comenzaran a ubicarse.

Fuente: Agur Arredorndo Torres, El sitio y toma de las haciendas de Zacatepec y de Treinta 1914,  2006.

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