Tequio (fatiga), el trabajo colectivo que representa la pertenencia del individuo a su comunidad


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Tequio o fatiga en el panteón ejidal de San Miguel 30, previo al día de muertos. 22 de octubre del 2017.

 

 

Tequio, una palabra proveniente del nahuatl, que castellanizado podemos traducirla como fatiga o faena, ha significado para los pueblos de México, una de las prácticas milenarias que representan parte de las contramemorias que han subsistido como modos de resistencia para la organización del trabajo colectivo, contra las formas de organización del trabajo verticales que han sido impuestas por los colonizadores, en los que se enfatiza el trabajo individual y no el colectivo.

Dicho trabajo ha de ser igualmente para un beneficio común, como la realización o mantenimiento de una obra para el pueblo  o la limpia de un espacio común. Es una práctica que hasta la fecha se sigue realizando en muchas comunidades del país, en algunas conscientemente de los orígenes nativos de ésta, en otra por simple costumbre, pero esa costumbre significa las raíces comunitarias de los pueblos originarios.

El carácter colectivo de los pueblos indios tiene que ver con una vocación colectivista visibilizado en el pensamiento de Ricardo Flores Magón, tal como lo explica Benjamín Maldonado cuando nos dice que

“la pertenencia a una comunidad es básica, no se trata de cualquier tipo de pertenencia: para ser indio, se requiere no sólo hablar la lengua o haber nacido en un pueblo indio, sino expresar su voluntad de ser parte de la comunidad a través de la participación en las actividades comunales, como el trabajo, la fiesta y el gobierno interno” (26).

El trabajo colectivo da muestra de los procesos de apoyo mutuo practicados ancestralmente en los pueblos de México que los conquistadores nunca pudieron destruir por completo. Si bien el tequio  se caracterizó de diferentes maneras, entre las que se encuentran también el tributo rendido tanto a los gobernantes prehispánicos como a los de la colonia, las contramemorias colectivas se reafirman ahí en donde en algún momento los pueblos proceden a su emancipación y aquello que deliberadamente había sido ocultado, reaparece

“Se puede perder la lengua, abandonar el vestido tradicional, haber migrado a alguna ciudad o incluso ya no compartir todo el corpus mitológico como explicación del funcionamiento y razón de las cosas, pero el individuo que siga participando en lo comunal podrá seguir sintiéndose indio y seguirá siendo reconocido como miembro de una colectividad india por sus paisanos. Por el contrario, cuando alguien se vuelve individualista, la comunidad lo rechaza pues ese individuo con su actitud se niega a ser parte de lo comunal” (Maldonado 27).

En los pueblos de Morelos, éstas prácticas se siguen realizando tradicionalmente, de manera periódica o discontinua según necesidades urgentes o en festividades periódicas como el día de muertos o la fiesta del pueblo. Y aunque en la región se ha perdido el significante en la lengua nahuatl, el contenido  conceptual sigue manteniendo las raíces comunitarias. Aún así, se podría hacer un esfuerzo por irse descolonizando poco a poco, y un gran paso sería recuperar la cadena significante, el tequio, que significa más que el simple trabajo colectivo, el apoyo mutuo.
Referencias:
Maldonado Alvarado, Benjamín. Magonismo y vida comunal en mesoamérica. Oaxaca: DES – UESA CSEIIO, 2012.
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