Entrando a Amador Salazar (San Miguel 30) por la calle Adolfo López Mateos


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Así se aprecia la entrada al pueblo de Amador Salazar llegando al centro del mismo desde el campo “Agua Dulce”. Lo primero que nos encontramos son los restos de la ex hacienda, y al fondo, “el arbolito”.

Lamento decirlo, pero lo único que no me termina de gustar de la calle es el nombre. Adolfo López Mateos, un asesino de campesinos, aquel presidente de México que dio amnistía y un falso abrazo a don Rubén Jaramillo y después ordenó su asesinato. No merece que nuestro pueblo donde tantos jaamillistas hubo tenga una calle que lleve su nombre.

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Fatiga de la ex hacienda de San Miguel 30


Se planea proyecto comunitario.

El día de hoy, desde temprano, ejidatarios de la comunidad de Amador Salazar (San Miguel 30), se concentraron en el casco de la ex-hacienda para armar la fatiga.  El día jueves, en asamblea se había ya acordado la actividad, con el fin de que posteriormente se realice en el mismo lugar, algún proyecto de carácter comunitario.

Aquí algunas fotografías que se tomaron durante la mañana de este sábado de fatiga:

La conformación del Ejido de San Miguel 30, hoy Amador Salazar, primera parte.


De acuerdo con la resolución presidencial que dota de tierras a los vecinos de la Congregación de “San Miguel Treinta”, Municipio de Tlaltizapán, ex-Distrito de Juárez del Estado de Morelos promovida por los propios interesados:

RESULTADO PRIMERO: con fecha 28 de febrero de 1921, los vecinos de la Congregación de “San Miguel Treinta”, solicitaron al gobernador del Estado, se les dotara de tierras por ser agricultores y carecer de las necesarias con que satisfacer sus necesidades, de conformidad con la ley de 6 de enero de 1915.

RESULTADO SEGUNDO: Que remitida tal solicitud a la Comisión Local Agraria para su tramitación, durante esta se comprobó de acuerdo con la citada Ley y Circulares relativas de la Comisión Nacional Agraria que “San Miguel Treinta” tiene la categoría política de Congregación a la que fue elevada por el Decreto número 24 de Fecha 22 de diciembre de 1920: que el número de agricultores jefes de familia según el padrón debidamente certificado, es de 39; pero de estos hay que descontar 15 individuos que se encentran repetidos en el mismo padrón, quedando en realidad 24 jefes de familia con derecho a dotación; que de estos, ninguno posee tierras en propiedad y las siembras pertenecen a la hacienda de “San Miguel 30” en donde se encuentra enclavada la Congregación peticionaria, siendo la mayoría de los vecinos arrendatarios o jornaleros de dicha hacienda; que el caserío de la congregación abarca una superficie de 15 Hs. 97 As., incluyendo en dicha superficie la parte urbanizada y otra que se ha reservado para los vecinos que no tienen casas y que viven aglomerados en las ruinas del casco de la hacienda; que la finca que necesariamente tendrá que afectarse, es la referida de “San Miguel 30” que tiene una superficie de 12,648 Hs. de la propiedad del señor Manuel Araoz, estando formada dicha finca de terrenos de riego, de temporal y cerril, y en los cuales se cultiva maíz, arroz y frijol, siendo el rendimiento por Hs.  de 125 a 150 por carga de maíz y de 60 a 75 por carga de frijol; y por último, que las distancias de la Congregación a los poblados cercanos es la siguiente: a Santa Rosa Treinta 1 y 1/2  Km; a Temimilcingo 5 Km; y a la estación de Treinta del Ferrocarril de México a Balsas, 1 Km.

RESULTADO TERCERO: La Comisión Local Agraria emitió el dictamen correspondiente, y el gobernador del Estado, con fecha 29 de agosto de 1921 pronunció resolución dotando al poblado peticionario con una extensión superficial de 195 Hs. correspondiendo 5 Hs. a cada uno de los 29 jefes de familia que registra el padrón, distribuidas en la forma siguiente: 2 Hs. de riego, 1 Hs. de temporal y 2 Hs.  de cerril, no debiendo incluirse en la superficie asignada para la dotación, el polígono urbanizado de la Congregación de “San Miguel Treinta”.

[…]

RESULTADO CUARTO: […] No faltando requisito alguno para dictar la presente resolución es de producirse en los términos siguientes:

CONSIDERANDO PRIMERO: Que el artículo 3° de la Ley de 6 de enero de 1915 concede a todos los centros de población agrícola, genéricamente llamados pueblos que carezcan de tierras o no las tengan en cantidad suficiente, el derecho de pedir en su favor la expropiación de las necesarias para formar su ejido; y a “San miguel Treinta”se le reconoce la categoría política de Congregación, comprendida en la fracción VI del artículo 27 constitucional.

CONSIDERANDO SEGUNDO: Qué en el caso concreto de “San Miguel Treinta”, se ha desmotrado plenamente la necesidad que sus pobladores tienen de tierras, porque sus habitantes se dedican a la Agricultura y no poseen las necesarias para cubrir sus necesidades; y esto hace necesario declarar procedenta la dotación a que se refiere este expediente.

CONSIDERANDO TERCERO: Que teniendo en cuenta los datos consignados con anterioridad, la superficie de 195 Hs. 99 As. 99 Cs. que la congregación de “San Miguel Treinta” tiene en posesión provisional, es suficiente para cubrir las necesidades de los 24 jefes de familia que arroja el censo agrario, […] no debiendo comprenderse en esa superficie las 12 Hs. 39 As. 72 Cs. que comprende la zona urbanizada.

CONSIDERANDO CUARTO: Que la superficie destinada a cubrir la dotación, deberá tomarse de la hacienda de “San Miguel Treinta”, con todas sus accesiones, usos, costumbres y servidumbres, siendo dicha expropiación por cuenta del Gobierno Nacional, dejando a salvo sus derechos al propietario para que reclame la indemnización a que hubiere lugar […].

CONSIDERANDO QUINTO: Que la existencia de los bosques y arbolados es de ingente necesidad para asegurar las mejores condiciones climatéricas y metereológicas del país y conservar una de las principales fuentes naturales de la riqueza pública; y que para dar plena satisfacción a las necesidades sociales citadas se hace de tod punto necesaria la explotación en común de los terrenos forestales y el exacto cumplimiento de las leyes de la materia.

Por lo expuesto, con fundamento en los artículos 3°, 9° y 10° de la ley de 6 de enero de 1915, 27 de la Constitución Federal y de acuerdo con el parecer de la Comisión Nacional Agraria, el suscrito Presidente de la República, debía resolver y resuelve:

PRIMERO: Se confirma la resolución del Gobernador de Morelos, fecha 29 de agosto de 1921.

SEGUNDO: Se dota a la Congregación de “San Miguel Treinta”, Municipio de Tlaltizapán, ex-Distrito de Juárez del Estado de Morelos, con una superficie de CIENTO NOVENTA Y CINCO HECTÁREAS, NOVENTA Y NUEVE ÁREAS, NOVENTA Y NUEVE CENTIÁREAS DE TERRENO, localizadas y distribuidas en los mismos lugares y términos en que se encuentran en la posesión provisional; y de las DOCE HECTÁREAS, TREINTA Y NUEVE ÁREAS, SETENTA Y DOS CENTIÁREAS  que ocupa la zona urbanizada y la que se ha reservado para los vecinos que no tienen casas y que viven en las ruinas del casco de la hacienda de “San Miguel Treinta”, de donde deberá tomarse dicha superficie dotada con todas sus accesiones, usos, costumbres y servidumbres, según el plano levantado en el año de 1922 por el Ingeniero J. Vizcano.

TERCERO: Decretase para cubrir dicha dotación, la expropiación dejando a salvo de sus derechos al propietario, en el término señalado por la ley.

CUARTO: se previene a los vecinos de la Congregación de “San Miguel Treinta”, que a partir de la fecha de la actual resolución quedan obligados a mantener, conservar y fomentar la vegetación forestal existente en la superficie del terreno que se les concede y a explotarla en común, aplicándose el producto de dicha explotación a los servicios públicos de la comunidad, en la inteligencia de que el cultivo a que fuere susceptible el terreno de la parte arbolada del ejido, deberá sujetarse a las ordenaciones que sobre el particular contenga la Ley de Bosques respectiva.

QUINTO: Inscríbase en el Registro Público de la propiedad, la modificación que ha sufrido la finca afectada con dicha dotación.

SEXTO: Esta resolución debe considerarse como título comunal, para el efecto de amaparar y defender la extensión total de los terrenos que la misma resolución comprende.

SEPTIMO: El comité Particular Administrativo recibirá los terrenos ya mencionados y organizará la explotación comunal de los mismos, en acatamiento a lo dispuesto por el artículo 27 Constitucional en su párrafo séptimo, fracción VI.

OCTAVO: Las aguas para el riego de las tierras se usarán de acuerdo con un plan general encaminado a obtener el máximo de utilidad, el cual será siempre sujetado a la aprobación de la Comisión Nacional Agraria; y una vez que se acepte dicho plan, se procederá a la construcción de las obras hidráulicas respectivas.

[…]

El documento de la resolución presidencial aquí citada parcialmente se encuentra en los documentos básicos que amparan la propiedad social y posesión de la tiera del ejido de Amador Salazar.

Historia del sitio y toma de la Hacienda de San Miguel 30, 1914.


Inicia el asedio de los revolucionarios. Los federales retroceden.

26 de abril de 1914.

Las fuerzas huertistas que se encontraban en el sur de Morelos estaban al mando del general brigadier Flavio Maldonado y estaban momentáneamente en Puente de Ixtla. Las fuerzas que se componían eran: Cuerpo Irregular de Infantería núm. 48, Cuerpo Irregular de Infantería núm. 29 y voluntarios; sumaron en total como 250 hombres.

Debido a que más de mil zapatistas de los generales Encarnación Díaz, Pedro Saavedra, Jeús Capistrán, Benigno Abundes, Julio A. Gómes y Epifanio Rodríguez, procedentes del estado de Guerrero se acercaban peligrosamente instalándose en Amacuzac el 28 de ese mes, Maldonado tuvo que abandonar la plaza el día 30 y refugiarse en Jojutla.

Sitio y Ocupación de Jojutla.

1 de Mayo de 1914.

Las fuerzas zapatistas anteriores se unieron a las de Amador Salazar y las de Eufemio Zapata, que comandaba el General Emiliano Zapata llegando a ser 3000 hombres en campaña quienes de inmediato atacaron la ciudad, en la que se había refugiado Flavio Maldonado. En Jojutla se hallaban otros 250 soldados federales del 7° Regimiento de Infantería al mando del Teniente Coronel Fernando Hernández quienes junto con los de Maldonado iniciaron la defensa de la Plaza.

Ese día 1 de Mayo se rompió el fuego simultáneamente por Tlaquiltenango y Panchimalco, combatiéndose desde las 6 de la mañana hasta las 4 de la tarde; dando las órdenes directas Emiliano Zapata que se había colocado en el camino a Tlaquiltenango.

Efrén Mancilla al mando de sus fuerzas y los federales sublevados del 7° Regimiento se ubicó en el camino a Zacatepec, en el punto conocido como “El Callejón”, para evitar que los federales retrocedieran. Ante la mayoría abrumadora de los atacantes, Maldonado dispuso evacuar Jojutla para refugiarse en la hacienda de Zacatepec por tener ésta mejores condiciones para la defensa.

Sitio y toma de la hacienda de Zacatepec, Mor.

2 al 7 de mayo de 1914.

El General Emiliano Zapata dispuso cercar y sitiar a los gobernistas que se hallaban en la hacienda de Zacatepec y ordenó que el General Modesto Rangel, con unos 300 hombres, se ocupara de San Miguel Treinta, e impidiera que los federales huyeran para Cuernavaca, y que el General Antonio Barona con otros 300 hombres se situara entre Cuernavaca y San Miguel Treinta para impedir el paso de refuerzos hacia Zacatepec.

El día 3 de mayo, cuando el General Encarnación Díaz se adelantó y atacó a los federales en la hacienda de Zacatepec, sufrió un descalabro por desconocimiento del terreno, pero a partir del día 4 a la fuerza del General Díaz se unió la del Coronel Lorenzo Vásquez, que era oriundo de la región y conocedor del terrenos, y además los atacantes fueron reforzados por las tropas de los generales Pedro Saavedra, Jesús Capistrán, Ignacio Maya, Amador salazar y Julio A. Gómez, las que rodearon completamente la hacienda y estrecharon el cerco que se le había impuesto; en el concepto de que no se emprendieron muchos ataques porque el General Emiliano Zapata estaba seguro de hacerlos rendir por hambre.  El día 7, como los revolucionarios lanzaron un ataque general sobre la hacienda de Zacatepec y a los federales comenzaban a escaseárseles los víveres, pasturas y municiones, el General Maldonado dispuso la evacuación de ese lugar para pasarse a la hacienda de San Miguel 30, operación que se llevó a cabo a costa de muchas bajas.

[…]

Emilio V. Castrejón, federico Figueroa Romero, Narciso Cuellar, Alfonso Sámano Torres, Margarito Domínguez Rivera, Francisco alarcón Sánchez, Julián Gonzáles Guadarrama, Arnulfo Manzanares, y muchos más colaboraron en este sitio. Para obligar a los federales a salir de sus trincheras, el general Pedro Amaro, alias “El maíz ancho”, hizo arder chile y lo intrudujo en  bateas a la hacienda, utilizando los canales de agua; el humo provocó que muchos refugiados se descuidaran y fueran baleados.

[…]

Los federales rompen el Sitio y huyen hacia San Miguel Treinta.

Sitio y toma de la hacienda de San Miguel 30, Mor.

8 al 19 de mayo de 1914.

El grueso federal se hizo fuerte en la hacienda de San Miguel 30 y contaba con un cañón que fue emplazado en la entrada de la finca. Con él los federales hacían fuego dañando mucho a los revolucionarios; pero unos valientes zapatistas se deslizaron por entre las huertas que estaban frente a la casa de la hacienda y lo inutilizaron. Dicen que fue Ceferino Ortega “El Moles”, el que autor de esta hazaña, quien con cuchillo en mano degolló a los desvelados centinelas.

Los federales se enfrentaron al problema de las provisiones para ellos, así como el forraje para los caballos. El segundo lo obtenían un grupo de soldados que salía rápidamente a cortar la pastura pero protegidos por otros que desde lo alto de la finca disparaban las ametralladoras. A pesar de ello los federales tenían muchas bajas, sin contar la merma que sufrían del parque y de municiones.

Los revolucionarios utilizaron otras maniobras para obligar a los federales a consumir sus municiones, con la finalidad de que el asalto final a la finca se hiciera con el menos número de bajas posible. No había prisa por realizar el asalto y con esto obligaban a los sitiados a consumir sus víveres y por consecuencia, la rendición era cuestión de tiempo. Más sucedió que en una simulación de asalto, cayeron prisioneros algunos revolucionarios, los que fueron acribillados en el interior de la finca y sus cadáveres fueron colgados con sogas en el exterior de los muros para que fueran vistos por sus compañeros zapatistas.  Entre los infortunados estaba un hermano del Coronel Nicéforo Taboada, del poblado de Tlaxmalac, Gro. perteneciente a las fuerzas de Francisco Castro.

Flavio Maldonado se caracterizó por su crueldad contra los revolucionarios, y aún contra sus propios subordinados; estos, si caísn heridos, después del combate eran rematados por órdenes directas de él.

Queriendo evitar un innecesario baño de sangre, el General Manuel Palafox envió un emisario con un pliego para el general Maldonado; en el documento se le sugería rendirse y se le ofrecía respetar su vida y la de sus oficiales. Maldonado tomó la hoja y en el reverso escribió: “¡Un General federal jamás se rinde!” Su altivez y orgullo de militar de carrera le costaría la derrota más trágica de su vida.

Mientras esto sucedía, el sargento Isodoro López Benítez, de las fuerzas surianas, aprovechó para robarse a la maestra de la hacienda, la señora Josefina Gadea Romero, y la hizo su mujer.

Al no poderse sostener por más tiempo, la mañana del 19 de mayo, Maldonado ordenó romper el sitio y su tropa tomó camino de Atlacholoaya, pero se encontraron de frente con los contrarios, quienes al percatarse de la maniobra, dejaron que los federales la realizaran así para combatirlos a campo abierto y no se regresaran a la finca, donde será más difícil el combate. Los federales se abrieron paso a sangre y fuego. En esta confusión, las Guachas (Mujeres de los Guachos), quedaron rezagadas de los soldados; entonces ellos dispararon sus balas contra las féminas para que no cayeran vivas en poder de los revolucionarios. La primera descarga hizo blanco en dos de ellas, quienes fueron recogidas y llevadas a Tlatizapán, en donde quedaron encamadas. Una de ellas dijo ser esposa del oficial federal Emilio Orozco, a quien suponía combatiendo en la Tierra Caliente del estado de Guerrero.

El caballo de Maldonado fue herido, y tuvo que seguir a pie. Cansado y desmoralizado por la prolongada lucha desde Puente de Ixtla había sostenido, se sentó a la vera del camino y miró a sus subalternos alejarse rápidamente en franca huida unos, rendirse la mayoría, y combatir a muy pocos ya. Maldonado entonces, acribilló a sus hijas para que no cayeran en manos de los revolucionarios.

Personal del General Ignacio Maya reconoció al caballo y por él al jinete. Dio parte a su jefe, quiend e inmediato preguntó: “¿es usted el general Flavio Maldonado?”, ante la respuesta afirmativa, Maya ordenó: “!dése paso a favor de la revolución!” Maldonado entregó su pistola y una cartera con billetes de banco; en cuanto a lo segundo Maya se rehusó diciendo: “¡la cartera no es un arma!” Devolvió la billetera y ordenó en seguida que se le proporcionara un caballo al prisionero. Hubo zapatistas que habiendo presenciado las atrocidades del derrotado general, quisieron lincharlo, pero Maya los contuvo, sentenciando que sería un Consejo de Guerra quien lo juzgaría. Junto al General Flavio fue detenido su hijo Salvador.

Al llegar a Atlacholoaya, varias mujeres quisieron linchar otra vez a Maldonado, pero Maya nuevamente se impuso; las mujeres se tuvieron que conformar con haberle jaloneado las barbas y bigote al prisionero. Zapata oyó de voz el parte que le rindió Maya.

Flavio Maldonado, azote de los pueblos, acabó sus días el 25 de Mayo de 1914 fusilado en Tlaltizapán, Mor., junto con el coronel Alberto Peralta. Once oficiales suyos fueron absueltos por el mismo Consejo de Guerra y dejados en libertad.

De la fuerza federal, sólo veinticinco pudieron llegar a Cuernavaca para relatar a sus superiores la tragedia.

Los prisioneros hechos, entre clase de tropa y voluntarios, ascendieron a ochocientos; como la mayoría pertenecían a la segunda categoría fueron absueltos y puestos en libertad, con la condición de no volver a levantarse en armas contra la Revolución.

Los heridos, muertos y dispersos pasaron de esa cantidad, a juzgar por las armas que dejaron tiradas en el campo. Las lenguas cuentan que Ceferino Ortega Mendoza y Federico Figueroa Romero, se dieron vuelo degollando prisioneros.

Con el triunfo zapatista en esta zona, sólo quedaba la ciudad de Cuernavaca en poder de los federales. Y hacía allá ordenó Zapata que las fuerzas revolucionarias comenzaran a ubicarse.

Fuente: Agur Arredorndo Torres, El sitio y toma de las haciendas de Zacatepec y de Treinta 1914,  2006.