98 aniversario luctuoso de los Mártires del 13 de agosto en Tlaltizapán.


El 13 de agosto de 1916, las fuerzas federales del ejército hicieron una de las más lamentables matanzas a nuestro pueblo. Durante un combate que habían sostenido zapatistas y carrancistas, los federales estuvieron a punto de ser vencidos y expulsados en un principio, “pero gracias a la llegada de refuerzos federales, los zapatistas se vieron obligados a replegarse y en represalia los carrancistas se desquitaron con hora y media de degüello, dando muerte a 253 civiles entre hombres, mujeres, ancianos y niños, de la infortunada población civil de Tlaltizapán”.1

Gabriel Mariaca fue uno de los zapatistas que tomaron parte en este hecho de armas. Mientras que del lado de los carrancistas estuvo en general Cleotilde Sosa Méndez, quien en un principio, de 1911 a 1915 había estado al lado de los zapatistas, pero al conocer la oferta carrancista de amnistía a los rebeldes que traicionaran su causa, este se doblegó y se pasó al otro bando.

En dicha fecha trágica, “estuvo con sus fuerzas en Tlaltizapán, Morelos, […] cuando los constitucionalistas cometieron reprobable genocidio. Ese día Tlaltizapán se tiño de sangre: 253 civiles indefensos fueron degollados por órdenes del general Pilar Sánchez en venganza porque Zapata había logrado huir ayudado por la población. Entre las víctimas se encontraron hombres, mujeres y niños. Además, profanaron el mausoleo de la iglesia del lugar sacando los cadáveres que ahí se depositaron y dejándolos insepultos. De las acciones de Sosa en ese día Marciano Silva no dice en un corrido:

Cleotilde Sosa, Cruel, inhumano

se hizo notable cual un Nerón

matando inermes conciudadanos,

quemando casas sin compasión,

más la justicia llegó temprano

para ese insecto, ¡qué admiración!,

tal es el premio de los tiranos

cuando se sueñan un Napoleón”.2

2 Arredondo Torres, Agur, Los valientes de zapata II, pp, 201-203.

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135 aniversario del nacimiento del General Emiliano Zapata


El 8 de agosto de 1879, nació en el histórico pueblo de Anenecuilco, el hombre más representativo de la identidad de los morelenses y uno de los más importantes de la identidad nacional. No es por casualidad que su nombre y figura sea respetada por chicos y grandes, ya que a lo largo de su corta vida demostró valentía y amor por su pueblo y su tierra, y claro, como muchos otros mártires, murió luchando ṕor la tierra y libertad.

No por nada a la corta edad de 30 años fue elegido calpuleque de su pueblo, es decir, fue elegido por la asamblea como el hombre indicado para llevar el mando de la defensa de sus tierras ante los caciques, y supo llevar la responsabilidad de su cargo.

Hoy más que nunca, recordamos a este personaje de nuestra historia dando seguimiento a la lucha que inició.

¡Aquí no te enterramos, aquí te sembramos, mi general!

Aquí una bonita canción dedicada a Emiliano:

Relatos de un Jaramillista que vivió en Amador Salazar (San Miguel 30)


Mi abuelito también fue un jaramillista. Él falleció hace ya unos años, pero tuve la fortuna de escuchar de su voz varios relatos sobre sus pequeñas participaciones con Rubén Jaramillo. Para quien no lo sabe, Rubén Jaramillo fue un luchador agrario, un campesino que luchó al lado de Emiliano Zapata en la revolución mexicana y que después, a partir de 1943 se levantó en armas en calidad de rebelde contra el mal gobierno en varias ocasiones, pues los campesinos del estado de Morelos, continuaban sin ver la justicia que había prometido la revolución. Perseguido, acorralado y finalmente asesinado, Rubén Jaramillo es uno de los líderes populares que la lucha social y el campesinado de morelos no deben olvidar, y hoy que tengo la posibilidad, quiero dar a conocer aunque sea estos breves relatos que recuerdo haber escuchado de mi abuelo.

“Desde allá, en la loma (señalando hacia el poniente) mirábamos a los pelones como pasaban por el tren, como pasaban por el pueblo. Pero Jaramillo era de buen corazón y no quería matarlos. Él me decía: míralos nada mas, como se nos pasean. Si nosotros quisieramos nos los echabamos bien fácil con una emboscada, pero no tiene caso, ellos simplemente vienen cumpliendo órdenes, ellos no tienen ningún mando, no tiene caso matarlos. Y simplemente los dejábamos pasar”.

Mi papá también me cuenta que mi abuelo era el hombre de confianza de Jaramillo en San Miguel 30, que en ocasiones era el comisionado para llevar los tacos a los rebeldes, y que en otras ocasiones, cargaba las mulas con zacate, y entre el zacate metían los fusiles bien escondidos para llevárselos a los jaramillistas.

Hay una historia más que me cuentan y es una de las que más me impresionan, pues con ella me da la idea de que el pueblo entero estaba con los jaramillistas. Que en una de las veces que los jaramillistas estaban alzados en armas, la casa de mis abuelos ubicada en algún punto de San Miguel Treinta se incendió por accidente. La casa, claro está, de una familia campesina, era de zacate, por lo que el fuego se extendió rápidamente, y por más que una enorme cantidad de vecinos se acercó a ayudar en el intento de apagar el fuego, nada se consiguió, además de que se escuchó todo el tiempo una tronadera.

Sólo les quedó mirar como la casa se consumía en el fuego, y que cuando finalmente el incendio cesó, lo único que sobresalía entre las brazas eran los cañones de los fusiles que la casa escondía. Una gran cantidad de armas, tal que todo mundo  obviaban de qué se trataba, y la tronadera que se escuchaba mientras la casa ardía era la munición que acompañaba a ese armamento, por eso resultó imposible apagar el fuego.

A partir de ese suceso, la familia entró en pánico, pues pensaban que no faltaría quien avisara de lo visto al gobierno y que éste viniera a tomar cartas en el asunto, pues todos los que llegaron a intentar ayudar a apagar el fuego se dieron cuenta de que mi abuelo guardaba armas de los jaramillistas; sin embargo, nunca sucedió, nadie le avisó al gobierno de que un habitante del pueblo era cómplice del los rebeldes. Y por eso digo que este suceso demuestra que el pueblo estaba con Jaramillo.

Tal vez son relatos innecesarios, pues ya hay una gran cantidad de mejores relatos sobre el jaramillismo plasmados en libros y videos, pero aún así, quise redactarlos para que aunque sea de manera informal, haya un registro de ellos. Tal vez y hay muchas personas que al igual que yo, han escuchado de sus padres y abuelos relatos sobre los jaramillistas de los cuales, ningún registro se tiene, y yo creo que cualquier dato, cualquier recuerdo es interesante y de suma importancia para ir reconstruyendo esta historia que vale la pena no olvidar.